viernes, 14 de diciembre de 2007

Zimbabwe y los apoyos de Mugabe

Número 6 /Diciembre - Enero de 2008
Carolina Ferreiro

Tras 27 años al mando del Gobierno, Robert Mugabe ha conseguido establecer un régimen dictatorial que ha llevado al declive total a la República de Zimbabwe. Este mandato ha provocado el rechazo continuo de la sociedad internacional provocando continuas sanciones de la Unión Europea, Estados Unidos y los países de la Commonwealth. Sin embargo, Mugabe cuenta en la actualidad con dos apoyos esenciales para la estabilidad de su Gobierno.

El “eterno” mandatario de la República africana de Zimbabwe lleva al mando del poder desde 1980. Desde entonces la situación país, conocido antiguamente como “el granero de Africa” por su expansión económica y social y por su riqueza en recursos naturales, ha experimentado un fuerte declive.


Este país es en la actualidad uno de los más pobres de todo el área del Africa Austral y cuenta con una esperanza de vida entre su población no superior a los 48 años. La crisis económica es también una realidad evidente pues el Producto Interior Bruto per capita se sitúa en torno a los 350 dólares. La inflación es superior al 130% y la tasa de paro alcanza al 60% de la población del país.

Además, en los últimos años, el régimen de Mugabe ha experimentado una fuerte declive en el ámbito de las libertades individuales de sus ciudadanos. La represión a la prensa y el fuerte castigo a los delitos derivados de la libre expresión han convertido al régimen de Mugabe en uno de los más tiránicos a nivel mundial. Así lo expresan en sus informes anuales infinidad de organizaciones pro derechos humanos y pro libertad de expresión como Reporteros Sin Fronteras (RSF) , la Asociación Mundial de Periódicos (WAN) o el Instituto de los Medios de Comunicación en el Africa Austral (MISA).

Infinidad de periodistas se han visto abocados a un exilio obligatorio porque en Zimbabwe les era imposible ejercer su profesión, especialmente después de que el Gobierno de Mugabe promulgara la famosa “Ley de Acceso a la Información” en el año 2003. A través de este texto, los medios de comunicación de Zimbabwe deberían contar con una acreditación gubernamental previa si querían ejercer su trabajo, lo mismo que los corresponsales de medios de comunicación extranjeros que quisieran acudir a Zimbabwe a cubrir una infamación concreta.

Tras la aprobación de esta estricta ley, el cierre de estaciones de radio, televisiones y periódicos de manos del Gobierno del Gobierno de Mugabe se convirtió en una actividad habitual en Zimbabwe.

El Gigante Asiático y el vecino Mbeki

El régimen de Robert Mugabe cuenta en la actualidad con el apoyo de dos países que desde la sombra ‘ríen las gracias’ a las acciones que lleva a cabo el presidente de Zimbabwe. Por un lado está China, con el que Mugabe ha reparado en cierta medida el aislamiento mundial que caracterizaba al país. Por el otro cuenta con Sudáfrica, país vecino que le da apoyo a nivel regional y que es clave para que Mugabe pueda ejercer su poder sin tener demasiados impedimentos por parte de los Estados que conforman el África Austral.

Con China el régimen de Mugabe comparte una clara afición por la violación a los derechos humanos. La libertad de expresión no es bien recibida ni en el país africano ni en el asiático y esta actitud parece que les hace acercar posturas. China ayuda al presidente de Zimbabwe, como veremos a lo largo de estas líneas, a través de una intensa cooperación económica y técnica. Pero hay que aclarar que esa ayuda no es gratuita ni altruista ya que el Gobierno de Pekín busca a cambio, paliar su déficit energético y de materias primas gracias a África y a países como Zimbabwe. Para este ‘plan neocolonialista’ el Gobierno de China no tiene en cuenta el impacto medioambiental de las operaciones de explotación que acomete en territorio africano, ni las violaciones a los derechos humanos que se producen en países como Zimbabwe.

Por su parte, el presidente Mugabe ha manifestado en reiteradas ocasiones su intención de mirar hacia oriente para evitar el aislamiento internacional en el que se encuentra sumido su país, determinado sobre todo, por las sanciones políticas y comerciales de la Unión Europea y de Estados Unidos.

Las relaciones con China comenzaron a tener un importante refuerzo tras la reunión oficial que Mugabe y Jian Zemin mantuvieron en Pekín en mayo de 1993. El encuentro tenía como objetivo abordar la situación en África, así como analizar como habían sido las relaciones entre ambos países hasta el momento.

Tras el encuentro el presidente de Zimbabwe manifestó que el propósito de su visita había sido fortalecer y asegurar los lazos de amistad, así como ampliar los canales bilaterales de cooperación económica y comercial. Durante la entrevista el presidente de China alabó el importante papel que Mugabe y su Gobierno juegan “para promover la paz y la estabilidad en África del Sur, y manifestó su esperanza de que los problemas de Sudáfrica y Angola vean una pronta solución”. Jiang se refirió a Mugabe como “un viejo amigo del pueblo chino” y expresó su convicción de que esta visita serviría para potenciar la amistad y la cooperación económica entre ambos países.

Mugabe aseguró por su parte, que China no sólo había ayudado a su país en los últimos y más difíciles momentos sino que siempre había mostrado una sincera y efectiva colaboración para la construcción nacional de Zimbabwe. En julio de 2003 los gobiernos de China y Zimbabwe firmaron unos acuerdos de cooperación tecnológica. El Ministro de Asuntos Exteriores chino, Lu Guozeng ofreció al Presidente Robert Mugabe una ayuda por un valor cercano a los 4,5 millones de dólares americanos para el desarrollo de programas económicos y tecnológicos. El acuerdo comprendía, además de una evidente cooperación económica, un fuerte apoyo en el ámbito humano, pues a partir de aquí técnicos chinos se desplazaron hasta Zimbabwe para formar a personal técnico de este país en las áreas de desarrollo más necesarias.

Uno de los ámbitos en el que el país asiático se mostró dispuesto a cooperar fue en el de telecomunicaciones y radiocomunicaciones, en el que los técnicos chinos están a la cabeza del mundo en avances tecnológicos. Según afirma la organización Reporteros Sin Fronteras, tras la firma de estos acuerdos de cooperación, comenzaron en Zimbabwe las interferencias a las emisoras de radio que emitían desde el extranjero.

En el marco de esta ayuda del Gobierno chino a Zimbabwe no se puede pasar por alto la venta de armas. En junio de 2004 saltó a la luz la noticia de la venta de material bélico chino al régimen de Robert Mugabe.

La noticia fue confirmada por la oposición parlamentaria de Zimbabwe quienes aseguraron que la venta había consistido en doce aviones kazas y cien vehículos militares. El coste de esta ayuda militar supuso al Gobierno de Zimbabwe el pago de unos 240 millones de dólares al Gobierno Chino, según indicó el dominical “The Sunday Times”.

El Gobierno de Mugabe se saltaba con esta compra las advertencias que en 1998 formuló el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, para que los países del sur de África no dedicasen más del 1,5% de su Producto Interior Bruto a gastos de defensa.

En materia de desarrollo también cabe mencionar en este espacio, que Zimbabwe fue el segundo país africano en unir una capital del continente con Pekín a través de una línea comercial de vuelos regulares. Air Zimbabwe contaba en 2004 con siete puntos de destino en África y fue la encargada de convertir a la capital del país, Harare, en puerta de entrada al turismo chino en el continente.

El siguiente paso en materia de cooperación entre el país asiático y el africano llegó en abril de 2004 cuando Zimbabwe realizó la compra de tres aviones comerciales de transporte de pasajeros a China. El Gobierno de Mugabe buscaba mediante esta vía relanzar el sector turístico en Zimbabwe. Las nuevas aeronaves fueron fabricadas por la compañía AVIC de capital público chino.

En julio de 2005 el presidente de Zimbabwe realizó otro viaje oficial a China con la única expectativa de encontrar en el país asiático una alternativa financiera para su régimen, sancionado y condenado en reiteradas ocasiones por la comunidad internacional.

En su visita estuvo acompañado por el gobernador del Banco Central de Zimbabwe y varios ministros de su gabinete. Esta visita llegó tan sólo dos días después de que las Naciones Unidas instasen al Gobierno de Mugabe a frenar la demolición injustificada e indiscriminada de viviendas precarias, lo que se llamó la “operación Murambatsvina”. Este atroz ataque dejó sin casa ni trabajo a 7.000 personas y afectó directamente a la vida diaria de 2,4 millones de zimbabwenses.

Durante el encuentro entre ambos mandatarios, el Gobierno de Pekín no hizo referencia alguna a los tristes hechos acaecidos en Zimbabwe. De esta manera Hu Jintao, presidente de China, siguió su particular política de no pronunciamiento ni injerencia en los asuntos internos de otros países. China comenzó a convertirse en los primeros años del siglo XXI en uno de los principales inversores en el empobrecido país del cono sur africano y busca aun nuevas áreas de cooperación relacionadas con los vastos recursos minerales sin explotar que tiene Zimbabwe.

En 2006 llegó la firma de un acuerdo energético entre ambos países por el que el gigante asiático construiría plantas térmicas de producción de electricidad en el país africano. La cooperación china no fue gratuita pues pidió a cambio al Gobierno de Mugabe una ingente cantidad de mineral cromo, metal utilizado en la fabricación de aceros inoxidables y muy abundante en las minas de Zimbabwe. Mediante la construcción de estas plantas de electricidad Zimbabwe confiaba en poder paliar su déficit energético, el cual paralizó casi por completo a la industria y al comercio del país causando una severa recesión económica.

Sudáfrica es otro de los ‘apoyos’ con los que cuenta el presidente de Zimbabwe, pero no por la cooperación que existe entre ambos países, que es inexistente, ni por las magnificas relaciones que existen entre ambos Estados. En este caso el apoyo de Sudáfrica a Zimbabwe se produce más bien cuando Sudáfrica calla todo lo que ve y no se une a la comunidad internacional en sus sanciones hacia el país vecino. Esta actitud dubitativa ante muchas situaciones beneficia en gran medida al Gobierno de Mugabe, que ‘campa a sus anchas’ y no teme que sus acciones sean sancionadas en la región africana.

Durante lo primeros años de Robert Mugabe en el poder, no hubo ningún tipo de relación entre los dos países vecinos. El mandatario de Zimbabwe, siempre quiso alejar a sus ciudadanos de la influencia sudafricana mientras este país estuviera gobernado por blancos. Pero esta situación cambió en 1994, año en el que se celebraron las primeras elecciones multirraciales en Sudáfrica y Mugabe comenzó entonces a acercar posturas con el país colindante.

El 29 de abril de 1994 se abrieron oficialmente unas relaciones diplomáticas plenas entre ambos países. Durante años ambos Estados únicamente habían desarrollado relaciones comerciales; quedando las relaciones políticas absolutamente al margen. Esta situación cambiaron a partir del año 1994 de una forma significativa.

Ya en el 2000 cuando Robert Mugabe llevó a cabo la reforma agraria en Zimbabwe, el presidente sudafricano Thabo Mbeki afirmó que había mandado a varios delegados al país vecino para “tratar de ayudar a resolver la crisis”.

Mbeki dejó claro que desde Sudáfrica se podía llevar a cabo un papel de mediación pero que en ningún caso se debía “adoptar una actitud paternalista y contraproducente” con Zimbabwe.

Los mandatarios de sendos países han defendido siempre su preferencia por “una diplomacia discreta” y desde que se produjo la ocupación de las granjas de blancos por el gobierno de Zimbabwe, Mbeki la ha justificado diciendo que la reforma agraria debe hacerse en Zimbabwe pero “de forma ordenada y sin violencia”, pero nunca ha condenado la acción. Es más, el mandatario sudafricano llegó a apoyar que debía de ser Gran Bretaña, como antigua metrópoli colonial de Zimbabwe, la que financiara la reforma agraria puesta en marcha por Mugabe.

El siguiente signo evidente de apoyo del gobierno sudafricano hacia Mugabe se produjo en 2003 cuando Zimbabwe fue expulsado de la Mancomunidad Británica de Naciones (MBN) durante la cumbre de Abuya (Nigeria). Durante este encuentro Sudáfrica trató por todos los medios de que Zimbabwe fuera admitido en la MBN. Esta postura estaba claramente en línea con la actitud de Pretoria de “una diplomacia discreta” impuesta por el presidente Thabo Mbeki para con el vecino país.

Mbeki se ganó muchos enemigos en su país por manifestar esa actitud de simpatía hacia el régimen de Mugabe. Por ejemplo, la Confederación Sudafricana de Sindicatos y el Partido Comunista de Sudáfrica, expusieron públicamente su descontento por la postura que Mbeki adoptó en Abuya.

En 2005 y previa a la celebración de los comicios en Zimbabwe, una delegación conformada por miembros del partido de la oposición Sudafricana viajó hasta el país vecino para vigilar las condiciones en las que se celebraban las elecciones. Pero antes de atravesar la frontera, las autoridades policiales de Zimbabwe les prohibieron la entrada alegando que “se trataban de inmigrantes ilegales”.

La visita había sido previamente anunciada pero ocurrió lo mismo que unos días antes cuando se prohibió la entrada a una delegación de la Confederación Sindical de Sudáfrica. “Llegamos a este país con la sincera misión de ver por nosotros mismos en el terreno las condiciones electorales en Zimbabwe”, dijo el portavoz de Alianza Democrática, “pero el hecho de que el Gobierno de Zimbabwe nos haya prohibido la entrada, indica que deben tener algo que esconder”.

La política de “diplomacia discreta” también se ha puesto en entre dicho en algunas ocasiones, por ejemplo, tras la captura de un espía sudafricano en Zimbabwe en enero de 2005. El semanal “Mail and Guardian” recogió los hechos en una noticia titulada “Como Sudáfrica espió a Mugabe” y que señalaba que Sudáfrica había querido “sorprender al mundo con un acuerdo en el que Mugabe desapareciera del poder”.

Según anunció el rotativo, la intención del presidente Mbeki era desplazar del poder a su homólogo zimbabwense pero no al partido Unión Nacional Africana de Zimbabwe (ZANU) con quien el Congreso de Nacional Africano, liderado por Mbeki, mantiene estrechos lazos históricos.

Todo apuntaba a que la captura del espía sudafricano iba a poner fin a la “diplomacia discreta” mantenida por ambos mandatarios, pero esta situación nunca llegó a producirse. Sino más bien al contrario, y pese a las asperezas, las buenas relaciones entre ambos dirigentes se fortalecieron. Esta situación que estamos apuntando se vio claramente cuando en julio de 2005, el Gobierno sudafricano manifestó que estaba estudiando “la posibilidad de pagar la deuda atrasada de Zimbabwe con el Fondo Monetario Internacional” (FMI), la cual ascendía a unos 300 millones de dólares.

El FMI dio un plazo al Gobierno de Mugabe de seis meses para satisfacer este importe, de lo contrario sería expulsado de la organización con todas sus consecuencias.

Thabo Mbeki salió a la defensa de Zimbabwe afirmando que “el pago de la deuda de Zimbabwe sería en beneficio de nuestra propia economía” además calificó de “incorrecta y contraproducente” la expulsión de Zimbabwe del FMI que vino poco después.

El Presidente de la Conferencia Episcopal de África del Sur dijo sentirse “frustrado” porque Mabki en vez de meterse a fondo con los problemas de la vecina Zimbabwe, “se fija en las situaciones parecidas o distintas en el pasado”. Pese a las criticas, el Gobierno sudafricano decidió asistir financieramente a Zimbabwe y comunicó en agosto de 2005 que la ayuda prestada al país vecino “debería beneficiar a la población”. Sin declarar a cuanto ascendería el monto de la ayuda, Thabo Mbeki declaró que su Gobierno actuaría a favor de la recuperación económica de Zimbabwe así como de la normalización política.

Con la perceptible ayuda que le confiere el Gigante Asiático y la “diplomacia discreta” que lleva a cabo Sudáfrica, Robert Mugabe ha encontrado durante todos estos años ‘la panacea’ para su Gobierno. Pese a las innumerables sanciones internacionales emitidas por la Unión Europea, Estados Unidos, la Commowealth o el FMI, el presidente de Zimbabwe es consciente de que cuenta con la ayuda de otros para evitar los obstáculos que le van surgiendo a su Gobierno en el camino.

Estos dos apoyos han sido vitales para Mugabe en los últimos años: El de China porque le confiere una vía de salida a su aislamiento intencional y el de Sudáfrica porque, a nivel regional, le salva de vicisitudes y le da la aprobación, ‘de forma discreta,’ a sus hazañas en el Gobierno.

Carolina Ferreiro Fajardo
Periodista especializada en Relaciones Internacionales

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